lunes, 5 de diciembre de 2011

Mal De Amores





Loko De Amor (kailuz- Álvaro)



"Loko" de amor:
Irracionales e irrefrenables deseos
desatan la pasión de tu amor.
"Loko" de amor:
Desierto sin oasis
recorre tus entrañas:
desgarrado en gritos desolados.
"Loko" de amor:
Aplacada y quemada la razón,  
e inundada de llantos y desesperación.
"Loko" de amor:
Visten tus sueños ajenos a todo,
obsesión de amaneceres sin Sol.
"Loko" de amor:
Solo en la penumbra,
llueve en tu interior.
"Loko" de amor:
Enquistadas añoranzas y nostálgias
que no regresarán.
"Loko" de amor:
Inundan el espacio que respiras
aquellas rosas marchitas que nadie miró.
"Loko" de amor:
Sueños eternos
que recuerdan anhelos de imposibles besos.
"Loko" de amor:
Muere la vida mecida de melancolía
mientras caminas a la deriva.
"Loko" de amor: sin amor,
"loko" de amor: por amor.




Mal de amores, la enfermedad más antigua del mundo, que ha conseguido que infinidad de gente desesperada se quitase la vida tanto en épocas remotas como actuales, llegándose a cometer verdaderas locuras y asesinatos. Ya en el siglo XIX, la cultura del romanticismo acuñó este término como suyo en una época donde estaba en boga y era tan común morir de amor. Hoy en día no son pocas las personas que tras un fracaso sentimental tienen intentos de suicidio: personas que viven por y para el amor, y que cuando éste se extingue desaparece todo motivo para vivir, a veces el morir de amor está por encima de cualquier otra connotación de inseguridades o falta de autoestima que no tienen porque darse siempre, ejemplo: la muerte en la vejez después de muchísimos años de uno de los cónyuges o de uno de la pareja. En todo caso es una patología de exceso de romanticismo del que bebemos nada más nacer con tantas leyendas que van heredándose de generación en generación, y por qué no: incluso hasta se podría heredar genéticamente una predisposición a una personalidad romántica. 



 Conocidos en la historia son las obras maestras de Romeo y Julieta, Don Quijote de la Mancha o el caso verídico de Doña Juana la Loca (o habría que decir Juana la tonta): que ante un marido infiel y promiscuo se enamora perdidamente de él, y cuanto más la rechaza más  se enamora de él. Esta sería una de las claves de la obsesión del amor: El ego herido. Habrá relaciones que tras una hermosa amistad florezca el amor por parte de uno de ellos y que a su vez no sea correspondido por parte del otro, que a lo sumo lo que haya experimentado éste último sea: admiración, atracción e incluso inconscientemente puede que hasta haya surgido el amor también por dicho partener, aunque conscientemente lo niege y lo rechace: por todas aquellas barreras y obstáculos sociales, culturales, prejuicios, etc, que lo que hacen es bloquear que fluya en ese enamorado el reconocimiento del amor a un nivel consciente. Además suele ser mucho más fuerte el sentimiento del consciente que el sentimiento del inconsciente (que está bloqueado y censurado por el subconsciente y el mismo consciente), e incluso esa entrega tan dadivosa del otro en vez de producir asombro y admiración lo que produce muchas veces es reprobación y mofa. Hay muchas falacias al respecto como cuando piensa el enamorado que su amor es tan grande, tan fuerte que podrá conquistar cualquier muralla y barrera en su amado, que finalmente abrirá los ojos y se rendirá a sus pies por tan magnánimo amor: pues "como él le ama nadie le amará”, nada más lejos de la realidad ya que esta premisa permanece incierta ante los ojos del otro, porque nadie conoce su futuro por lo que difícilmente hará tambalear los cimientos  o los pilares de nadie.



 Y quién no: alguna vez ha padecido de mal de amores o se ha entregado a un amor no correspondido o incluso igualmente haya rechazado a alquien locamente enamorado de Uno. Por el mal de amores se puede enfermar síquica y físicamente, entrar en depresión y hasta realizar  actos tan imprudentes que puedan dejar secuelas de por vida, ejemplo de ello podría ser el haber provocado por dolo, culpa o negligencia trágicos accidentes de coches,  o búsqueda destructiva de sexo, con cualquiera, como sucedanio de cubrir la necesidad del cariño, pudiendo contraer irreversibles enfermedades si no se hace con precauciones, etc.  



 El mal de amores, sobre todo en adolescentes, donde el futuro no cuenta y todo se reduce al presente se pueden perpetrar absurdas locuras de amor ante un desagravio. Habría que recordar que nadie se muere de amor porque ciertamente el tiempo lo cura todo. Y aun habiendo dejado atrás el amor más importante de Uno en la vida, uno de esos amores que dejan huella, la vida sigue con otros amores y relaciones o simplemente con amistades y actividades que hacen respirar y latir nuestros corazones con tanta intensidad que funcionan como el mejor antídoto o el mejor medicamento para curar esta enfermedad, por lo que mientras estas encallado tu barco está estancado de aventuras y viajes ignotos, de conocer nueva gente y nuevos países y sobre todo de tener mejores y afortunados amores correspondidos en vez de llorar desconsoladamente y morir día a día. Porque cuando Uno cae enamorado del amor cualquier excusa es buena para amar, para sufrir, pues el amor es sin duda la droga más dura, más pura y más difícil de prescindir mas cuando no es correspondido es infructuoso entregarse al mismo al hacerse daño uno mismo con desastrosas consecuencias. Y aunque es mejor estar bien acompañados a estar solos, igualmente es mejor estar solos que mal acompañados.



 En definitiva superar el mal de amores significa aumentar la tolerancia a la frustación ante la negativa de conseguir el amor, aminorar la obsesión de poseer y tener un amor de pareja como el principio y fin de nuestra felicidad, ser más racional y fuerte ante el deseo y la pasión y el apego, liberarnos del ego y orgullo del alma herida y obsesionada por el amor de pareja. Sentirnos más maduros, libres y racionales. Desde luego acabar con falsos mitos como que entre la razón y el corazón siempre ha de prevalecer  el corazón, eso es falso: hay que buscar siempre un equilibrio entre ambos. Lo más importante es superar el mal de amores y no caer en él, porque significa conseguir la madurez emocional y psicológica. Para evitar el mal de amores, sin duda, hay que poner primero la razón y el corazón después, así el resultado será muy diferente y divergente a si pones primero el corazón y después la razón. Y cómo no, hacer consciente en Uno: que un amor unilateral y no correspondido nunca cambia su dirección y que no siempre se cumple el dicho:” De que en la vida no hay nada imposible”, esto en el mal de amores es categóricamente: “una quimera”.


Loko” de Amor (Autor: Kailuz - Álvaro)


Paseo marítimo de Barna de 2002. El agua del mar estaba helada, aún así, decidí bañarme y fluir en el Mar Mediterráneo a su antojo, eran las siete de la mañana de un invernal lunes del mes de enero, necesitaba que mi descorazonada melancolía emergiera, por lo que al salir de la mar me eché a llorar. No pude evitar que mis lágrimas impregnadas con las gotas de agua salada y yodada se derramasen copiosamente por mis mejillas, y que apagasen el fuego interior de mi fatigada pena que me destruía y quemaba sin compasión.


Solo y desconsolado me marché para casa, abandoné la ropa en la arena salvo el bañador, las zapatillas, el dinero y las llaves de casa por traerme demasiados recuerdos nostálgicos al simbolizar mi pasado y mi estado de lokura de amor. Jamás pensé en ser capaz de sentir de esa manera tan “filantrópica”, “altruista”, platónica y “generosa”. Pero parece que el amor cuando me llega es siempre así. Cuantas veces me habré preguntado ¿por qué estando tan necesitado de amar y de ser amado en una relación seria y envuelta de pasión, no he sido capaz de lograrlo?, si acaso rozarlo con un dulce y breve suspiro que, posteriormente, se convirtió en sabor amargo al no perpetuar mi romántico y eterno deseo amoroso, para volar en la noche tal estrella fugaz mi ansiado sueño.



Y como un día más me bañé en la mar para refugiarme en su ternura y comprensión. Mi mirada apasionada y febril traslucía con vehemencia anhelos del sentimiento más auténtico y genuino que existe: el amor.



Pero la vida esta saturada de almas incomprendidas y no correspondidas, porque el idolatrado milagro amoroso ocurre tan sólo una vez cada lustro. Para acabar desmoronándose tal quimera, una vez poseído, ante las inhóspitas circunstancias que acechan a los débiles corazones deseosos de escapar de la prisión de dicha torre de marfil. Mientras, desesperadamente, los que están fuera de la dorada cárcel del amor se agolpan como abejas a las colmenas, ilusos y ansiosos por entrar.



Amor, Amor, Amor, repica mi mente, perennemente, cual recuerdo olvidado. Caminé sin mirar atrás porque no quise convertirme en una estatua congelada e inerte por la sal de la pasión, engulléndose ésta un fausto manjar a expensas de la subyugada razón. Y aunque mi corazón estaba paralizado por la sal y no tenía esperanza de futuro, me prometí no dejarme vencer y ser halcón en la montaña para mirar al horizonte, anduve rumbo hacia las ramblas vivo cerca de la plaza mayory pude percibir las miradas extrañas de los transeúntes que hallaba como si fueran espadas que se clavaban en lo más hondo de mí. Quizás no fuesen miradas tan inhóspitas, quizás mucha gente que me encontré en mi solitario caminar tan bien les pasó algo parecido alguna vez.



Por fin llegué a la casa, todo me recordaba a Marta y rememoré su imagen de dorados y lacios cabellos largos iluminados por sus ojos esmeraldas. Nos conocimos en el piso de alquiler que compartíamos. Pero supe desde el principio que los gustos de ella eran las mujeres, mujeres muy morenas y femeninas, siendo yo su versión ideal en hombre: masculino y viril, envuelto en mi color de tez morena. Inútilmente, construí castillos de arena en el aire al pensar que algún día podría ser su amado. Y no fueron pocos los días que dormimos juntos, cuando se desataba y esparcía la tenue luz de la Luna con su mágica noche. Y no fueron pocas las veces que le acaricié su aterciopelada piel de melocotón, sus fulgentes y rebosantes pechos e incluso su sexo, mientras se hacia la dormida, bebiéndola como flor en primavera llena de polen.



Para Marta, yo fui su mejor e inseparable amigo: éramos uña y carne. Quizás, fuese el único hombre con el que ella podría tener una posible historia de amor. Para mí, Marta era mi vida, se la entregaba a cada instante con el dolor y sufrimiento del amor no correspondido, que inmolaba la comunión “eterna e indisoluble” con el otro. Le amé hasta el punto de no importarme el tener que compartirla con tal de seguir teniéndola como hasta entonces. No cabe duda que desde hacía mucho tiempo estaba cubierto de arena movediza que me impedía pisar tierra firme, embadurnado en cuerpo y alma de lokura de amor.



A Marta le gustaba que le adulase y cortejase, sin embargo, no se atrevía a ir mucho más lejos conmigo. De hecho, cuando estaba a punto de sucumbir se volvía muy vulnerable y empezaba a quebrarse como si algo instintivo en ella lo rechazase, era entonces cuando sostenía su firmamento con mi mirada, disuadiéndola sus miedos. Cada vez que Marta entraba en crisis con su novia era cuando más me dejaba hacer en la oscuridad de su lecho, hasta el punto de haber podido casi realizar mi sueño. Lo malo fue cuando se cumplió el inesperado final sin previo aviso. Pues Marta nunca me dijo al irse de vacaciones de navidad que ya no regresaría más, siquiera como las palomas migratorias que regresan al llegar el buen tiempo, desvaneciéndose la leve esperanza de un amor por ser. No se atrevió a decirme que tuvo que elegir entre su novia y yo ante los acontecimientos que se fueron sucediendo por esas fechas. Marta llegó a quererme muchísimo, pero estaba más enamorada de su chica, por lo que mi humilde y vehemente fervor no pudo entrar a formar parte de sus planes. Quedándome sin la luz que me hacía levantarme cada mañana, y apagándose mi última oportunidad para creer en los cuentos de hadas al evaporarse mis efervescentes ilusiones.



No ceje de buscarla hasta la saciedad por toda Barcelona, olfateaba y rastreaba cualquier rincón, mas no logré mi noble afán. Desequilibrado y enfermo de amor abrigue la desesperación con un riguroso luto en mi ropa, bebiendo, follando con cualquiera y fumando lo que me diesen en cualquier antro de mala muerte.



Loko de Amor me llamaban mis amigos, porque cuanto más buscaba a Marta más le amaba, pensando erróneamente en mi regla de tres: si era capaz de morir por ella, la fuerza y magnitud del huracán de mi amor acabarían con cualquier obstáculo que me lo impidiese, para así enamorarla al suponer que la fe y el tesón desplazarían montañas que, sin embargo, se caían a pedazos delante de mis pies antes de haberlas movido un ápice. Destronado y vencido me desvanecía ante tanta desdicha y neurótica obsesión, obviando mi patología al ser cada vez más adicto y más sadomasoquista del amor frustrado.



Loko de amor me llamaban, habiendo perdido en esa espera nuevas oportunidades de haber amado y de haber sido amado. Loko de amor me llamaba, por estar atrapado en la maléfica tela de araña del mal de amores a la espera de ser despedazado de un modo perverso y cruel. Me convertí en un esclavo de dicha tortura letal que me llevaba con gran lentitud y ferocidad hasta la lokura. Y no tanto por el ego herido sino por no haber sabido aceptar la renuncia y mi derrota con tal de sentir amor, aunque no fuese correspondido. Buscaba a Marta sin descanso ni aliento loko de amor, porque a pesar del padecimiento de su rechazo me negaba a perder la escasa y pobre “felicidad” que me proporcionaban mis endorfinas cuando estaba junto a ella o cuando a través del pensamiento y de la imaginación la amaba en la ausencia.



Pero ya ha pasado desde entonces algo más de un año, de aquel tiempo desgraciado de lokura de amor, y que me perjudicó de una forma atroz. Mas pude zafarme de dicha lokura infernal gracias al fuego que derramó el calor de la razón en mi cuerpo salado y congelado, entrando en ebullición el deseo pasional que tanto me perturbó. Y poder quitarme así, por fin, la venda que tenía sobre mis ojos que me impedía ver la justa balanza entre el corazón y la razón.



Loko de amor me llamaban, pero hoy soy yo el que abrazo con ternura a la mar cuando me baño. Dejándome acariciar por la brisa que envuelve y acaricia mi cuerpo, mientras clavo mis ojos en el cielo azul y, susurro al amor.











1 comentario: